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Desde hace ya mucho tiempo somos amigos de Emerson Skeens y Tom Green, creadores de uno de los hoteles más finos del mundo. Su atención en cada detalle y su gran creatividad a la hora de restaurar este magnífico palacio, situado en el centro de Stone Town, son sorprendentes y hasta legendarias. La atenta combinación de muebles de gran calidad con una decoración exótica hace que cada una de las habitaciones goce de una atmósfera única. Las habitaciones de la planta más alta no necesitan aire acondicionado, pues están perfectamente ventiladas naturalmente. En las demás, se han instalado acondicionadores muy discretos. Este hotel es perfecto para todo el que desee experimentar los mejores aspectos de Stone Town. Situado en el centro de la capital, este hotel se clasifica como uno de los mejores, gracias a la elegancia de sus aireadas habitaciones, amuebladas de manera tradicional, y también a su magnífico restaurante. El "Tower Top Restaurant" está situado en la planta más alta, desde la que la vista de toda la ciudad es espectacular: minaretes, torres de templos hinduistas, agujas de iglesias... Se trata del segundo edificio más alto de Stone Town, restaurado en su belleza originaria, es decir, la de los tiempos en los que lo habitaba uno de los hombres más ricos del Imperio suajili. El ambiente de Las mil y una noches se ha mantenido, entre otras razones, porque el hotel se ha decorado con muebles antiguos típicos de Zanzíbar. Las dieciséis habitaciones no sólo son bellas, sino también románticas; además, cada una de ellas representa de manera diferente la tradición de Zanzíbar. A excepción de la habitación Kipembe, cuyo cuarto de baño tiene ducha, en todas las demás los baños tienen bañeras de piedra, en las que tomar un baño se convierte en una agradable diversión (por ejemplo, saboreando un buen vino). Las habitaciones del primero y segundo piso son amplias, con aire acondicionado, techos altos, puertas de madera entallada, decoraciones de estuco y lámparas y ventanas con cristales con dibujos hechos a mano. Las habitaciones de la planta superior gozan de la ventilación natural de la brisa y de la que ofrecen los típicos ventiladores de techo. Las camas son siempre de estilo típico zanzibareño, grandes y con mosquitero. El restuaurante es muy romántico y, desde ahí, la vista de la ciudad y del Océano índico al atardecer es impagable. Estando allí arriba, a casi treinta metros por encima de la ciudad, sentado en alfombras persas, uno tiene la impresión de que está cenando en una alfombra voladora. El espacio está abierto por todos los lados; antes de acceder a él, hay que quitarse los zapatos en la entrada, para, acto seguido, sentarse en las alfombras al estilo árabe, rodeados de almohadones y cojines. La cena, compuesta por cinco o seis platos, se sirve en una sala típica, acompañada por las notas de músicas locales. El desayuno, en bufé, se sirve en el restaurante, de 7 a 10 de la mañana. El día de salida, debe dejarse la habitación como máximo a las 11 de la mañana. En todas las habitaciones se encontrará, a la llegada, flores frescas y agua mineral.
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